Aumenta tu poder e influencia en cuestión de semanas

Paloma Uve

“Si quieres ir rápido, camina sólo. Si quieres llegar lejos, ve acompañado” -Proverbio africano-

Para poder ir acompañado, necesitas saber inspirar a los demás que no es lo mismo que mandar o manipular. El poder que te da la capacidad de inspirar a otras personas para que pasen a la acción, se unan a tu causa o empiecen la suya propia no es comparable con ningún otro poder. Te ayudará a ser un mejor líder, a alcanzar tu objetivos más rápido y recibir más ayuda y apoyo de manera sencilla entre otras cosas.

Es cierto que por jerarquía puedes ordenar a otras personas que hagan ciertas cosas pero ten por seguro que, si no creen en ello, cuando dejen de estar bajo tu mando o en cuanto dejes de prestar atención  dejarán de hacerlo muy probablemente.

Sin embargo cuando alguien realmente cree en lo que hace y lo hace porque quiere, no es necesario empujarle ni obligarle, la causa en sí misma es la que le impulsa. La capacidad de inspirar e influir no es un súper poder que se tiene o no se tiene, es una cualidad que se entrena ¿la herramienta? Tu palabra. El poder reside en tu relación con tu palabra.

¿Te has fijado que cuando queremos que alguien confíe en nosotros, decimos: te doy mi palabra? Como si la palabra fuera lo más importante que tenemos y, de hecho, así es.

Es muy sencillo ¡Ya verás!

Tu palabra es tu herramienta

 

“Somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras” -Mahatma Gandhi –

¿Alguna vez te has encontrado con una persona a la que hace mucho que no ves y le has dicho “Tenemos que vernos más. Te llamo la semana que viene”? Posiblemente sin ninguna intención de hacerlo o sabiendo que te gustaría que fuera así pero lo más probable es que no lo vayas a llamar. Esto tiene un impacto, en ti y en la otra persona, mucho mayor de lo que crees.

El lenguaje es el pincel y nuestro silencio un lienzo en blanco. Muchas veces lo que vas a pintar aporta menos valor que mantener el lienzo en blanco. Lo cierto es que no existe nada real que sea independiente al lenguaje, ni si quiera las personas. Cada uno de nosotros somos el autor de nuestra propia vida y nuestra manera de construirla es a través del lenguaje. Con tu palabra creas tu realidad, tus sentimientos y tus emociones.

Cuando tu amiga María te dice “¡Tengo una buena noticia! Viene mi compañera de trabajo Eva a cenar con nosotras. Te va a encantar, os vais a llevar fenomenal. Es súper buena gente y muy divertida” Te está creando a Eva como persona, en tu cabeza ella ya es todas esas cosas porque María lo dice y tu predisposición hacia esa persona ya está condicionada. Y lo mismo cuando Pedro te cuenta “No he podido librarme de Luis, un amigo de mi hermano que es muy pesado. Así que luego te lo presentaré” En ambos casos tu estás predispuesto a recibir a la otra persona de una determinada manera.

No sólo los demás nos crean a las personas, nosotros mismos lo hacemos una y otra vez. Hace poco tuve una conversación delicada con una persona que yo percibo como complicada, intransigente y con la que a menudo es difícil interactuar de forma constructiva. Siempre, antes de hablar con él, me preparo recordando que voy a la batalla. Me mentalizo de lo difícil que va a ser y cómo debo intentar mantener la calma y la sonrisa en la conversación a la vez que recuerdo que mi rival tiene esas tres características que he citado. Batalla, rival…ya ves que, aunque con buena intención por mi parte, mi predisposición antes de la conversación es bastante bélica ¿Cuál es el resultado habitual de nuestras conversaciones? Suelo terminar con mal cuerpo, pensando que él es aún más si cabe esas tres cosas y que cada vez es más difícil hablar con él.

Sin embargo el otro día fue diferente. Antes de hablar con él, decidí centrarme en las cosas positivas que tiene: siempre disponible, se preocupa de que estés bien y a veces tiene hasta un punto gracioso. Pasé un tiempo recordando los momentos en los que me había hecho reír, cuando sentí que se preocupaba por mí, etc. 

¿Qué ocurrió ese día?

Algo radicalmente diferente, por primera vez no vi esas 3 cosas que solía ver. Tras esa careta de gruñón intransigente había una persona que sí escuchaba, se preocupaba y valoraba lo que los demás tenemos que decir…

Él no había cambiado en absoluto, lo había hecho mi percepción de cómo es él y por eso sus palabras habían resonado conmigo de forma diferente esta vez. 

Creé una persona distinta en mi mente antes de hablar con él y eso me ayudó a que la experiencia fuera totalmente diferente. No se trata de atribuirle a la otra persona características que no tiene si no de centrarte en las cosas buenas que sí tiene. Todos tenemos cosas buenas y menos buenas y cada uno decide en qué se centra.

Tú eres quién creas a las personas con lo que te dices a ti mismo de ellas y es esta creación la que determina como las percibes ¡Haz la prueba y crea en tu cabeza de manera diferente las personas/situaciones/cosas que te resultan difíciles! Verás que de pronto empiezas a percibirlas de otra forma. 

¿Cuánto vale tu palabra?

Tu palabra no sólo es importante porque te permite crear tu percepción de lo que te rodea, si no porque tu relación con tu palabra determina cómo eres percibido por los demás. La relación entre lo que dices y lo que haces establece para bien o para mal cómo te ven los demás ¿confiable, seguro, sincero, falso, egoísta,…?

Si yo te digo que te voy a llamar y no lo hago, te cuento que te quiero y luego te trato fatal, te digo que voy a hacer esto o aquello repetidas veces sin llevarlo a cabo… tu entenderás que mi palabra no vale nada, lo que yo digo no es fiable y será difícil que deposites tu confianza en mi.

Hay una diferencia importante entre ser honesto y ser íntegro que hay que tener clara. Ser honesto es hacer que tus palabras se ajusten a la realidad mientras que ser íntegro es hacer que la realidad se ajuste a tus palabras. Integridad es hacer que tus acciones coincidan con tus palabras, es decir, hacer realidad lo que dices.

Ambas son la clave de tu poder como persona respecto a los demás, bien sea en el entorno laboral, familiar o de amistad y es prácticamente imposible practicar la una sin la otra.

Solemos tener mayor consciencia sobre lo que significa ser sincero y nos es fácil identificar cuándo lo somos y cuando elegimos no serlo. Sin embargo resulta más difuso el concepto de integridad. Ser íntegro significa hacer lo que has dicho que vas a hacer independientemente de las circunstancias del momento, de como te sientes al respecto y de lo que te apetezca más hacer. 

Nuestra integridad se pone a prueba a diario y en algunos momentos hace que estemos literalmente contra las cuerdas como le pasó a Bob Chapman, CEO de la empresa Barry-Wehmiller. Bob había construido la cultura de su empresa fundamentada en el pilar de que lo más importante era que todos (empleados, inversores, directivos y clientes) ganaran, que fueran como una familia que se ayuda y se apoya mutuamente en los momentos buenos y malos.

La crisis de 2008 afectó enormemente a esta empresa que ofrece tecnología y servicios de fabricación a sus clientes. De la noche a la mañana los pedidos de sus clientes disminuyeron un 30% y esto suponía que debían reducir sus costes de operación en unos 10 millones de dólares para que los números cuadraran.

La opción más obvia para disminuir los gastos era reducir la plantilla. Todos los asesores le propusieron esto a Bob pero, para él, esto no era una opción valida. No podía incumplir sus valores. La cultura de toda la empresa se basaba en ellos y en ese momento, más que nunca, debía predicar con el ejemplo. 

Imagina que Bob hubiera reducido la plantilla en un 20% ¿Qué hubiera pasado con la gente que se quedaba en la empresa? Cuanto menos, habrían perdido la confianza en su líder “¿Dice una cosa pero hace la contraria según las circunstancias?” Bob tenía claro que su falta de integridad en ese momento tan clave generaría un impacto aún mas dañino en la empresa que la propia crisis. Bob no veía a los empleados como cabezas sino como corazones y desoyendo el consejo de todos sus asesores, comunicó la situación de la empresa a la plantilla y les pidió que le ayudaran a resolverlo “propongo que todos suframos un poco antes de que algunos deban sufrir mucho” dijo literalmente en el discurso. Les propuso que todos los empleados desde la secretaria al CEO se cogieran un mes de vacaciones sin remuneración para no tener que despedir a nadie.

Toda la plantilla aceptó y pasó algo extraordinario. Había personas que por su situación familiar y financiera no se podían permitir un mes sin sueldo, así que la gente que estaba mejor económicamente empezó a cogerse 2 meses sin remuneración para cederle un mes remunerado a los que no se lo podían permitir.

Esta estrategia de Chapman no consiguió ahorrar 10 millones de dólares sino en 20. Cuando la empresa salió de la crisis todo volvió a la normalidad y ese equipo de personas se había reforzado extremadamente. Supuso un buen refuerzo de confianza, poder e inspiración. Apuesto a que el % de rotación de los empleados es tremendamente bajo ¿quién no querría trabaja en un equipo en el que cuidan de ti en las buenas y en las malas?

¿Por qué nos es tan difícil ser fieles a nuestra palabra?

Prometemos y decimos cosas que no vamos a cumplir por un número muy variado de razones: queremos hacer sentir bien a la otra persona, ayudar a los demás, sentirnos bien nosotros, quedar bien, etc.

Aunque muchas veces tenemos la intención de cumplir lo que decimos, llegado el momento se nos olvida. No somos conscientes de que nos comprometimos con algo, simplemente no lo hacemos porque ya no nos apetece o nos surge un plan mejor.

El impacto de las falsas promesas

El mayor problema es que no somos conscientes del impacto que tiene incumplir nuestra palabra, incluso cuando se trata de pequeñas cosas como un “Tenemos que vernos más. La semana que viene te llamo” supone una pérdida de poder. 

Implica crear una expectativa gratuita en la otra persona con su consecuente decepción. Es muy difícil conseguir tus objetivos tú sólo, las personas nos necesitamos las unas a las otras y para involucrar a alguien para hacer algo que quieres lo primero que necesitas tener es su confianza. La confianza es la clave para liderar y hacer que las cosas que quieres pasen.

    • La confianza es directamente proporcional a la integridad – Si la gente no puede confiar en tu palabra, no confiarán en ti.
    • La influencia depende de la confianza – Las personas rechazamos la influencia que viene de personas en las que no confiamos. No hay más que ver al panorama político actual.

Sin confianza ni influencia no puedes generar impacto sobre una persona ni cambiar una situación. El líder marca el grado de integridad del grupo como se ve en el ejemplo de Barry-Wehmiller.

La integridad no solo impacta la confianza que los demás depositan en ti sino también la que tú mismo depositas en las diferentes áreas de tu vida. En cualquier área en la que tienes confianza en ti mismo es porque en ella cumples tu palabra.

¿Se puede entrenar la integridad?

Efectivamente. En tan sólo 2-3 semanas de cumplir tu palabra, tu vida cambia. La integridad no es algo que se tiene si no que se practica en cada minuto.

¿Quieres ganar confianza en un área concreta de tu vida? Fija unos objetivos y aprende a cumplirlos.

Te darás cuenta que cada vez piensas más lo que dices, tienes mucho más cuidado en no comprometerte a cosas que no vas a poder cumplir. 

Cuando empiezas a guiar tus acciones con tu palabra, te vuelves inmune a tus emociones y sentimientos. Deja de haber excusas como “no me apetece” o “tengo un plan mejor” porque el criterio ya no es otro que tu palabra: lo que dijiste que harías. Y esto te da mucho poder.

Es cierto que no siempre se puede cumplir 100% y cuando estemos ante una situación así, en lugar de ignorarla, lo que debemos hacer es gestionarla y estar en comunicación con los afectados.

¿Vas a llegar tarde a una reunión? Comunícate con las personas que se verán afectadas por tu retraso en el mismo instante que seas consciente de que te retrasarás y pregúntales si prefieren retrasar la reunión o posponerla a otro día ¿Qué es lo más conveniente para ellos? 

Cuando rompes algo, debes arreglarlo. Si cancelas un compromiso o no cumples una promesa, has faltado a tu palabra y esto implica que has de reconstruir su confianza en ti, tu reputación e integridad

¿Cómo?

Lo mejor es ir más allá del compromiso inicial, dar un poco más de lo que esperan: empatía y generosidad. Han de saber la importancia que tiene para ti su confianza y el compromiso que tienes con tu palabra.

El poder y confianza que te da cumplir siempre con tu palabra es difícil de imaginar hasta que no lo experimentas. Te propongo un reto: entrena tu integridad durante una mes seguido, en este mes harás todo aquello a lo que te comprometas. Así que ¡Vigila lo que dices! ¿Aceptas el reto? 

Sabiduría es saber cuál es el camino correcto…Integridad es tomarlo” -M.H. McKee-

Suscríbete
Notificar
guest
0 Comments
Inline Feedbacks
View all comments

Este sitio web utiliza cookies para facilitarte la mejor experiencia de usuario posible. Si continúas navegando está dando tu consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, haz clic en el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x

¿CÓMO DESATAR TODO TU POTENCIAL?...en 10 minutos

Descarga la guía gratuita y recibe cada semana nuevas ideas que te ayudarán a llevar tu vida al siguiente nivel  ;)

En Date Vida nos tomamos tu privacidad muy en serio. Consulta aquí nuestra política de privacidad